The Moon Gate

Apuntes de algunos días

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Wednesday, June 14, 2006

Cuentos

Las personas, las gentes, todos los demás. Los otros, los aquellos, los de allí y allá, siempre los que no son tú. Siempre he pensado en todos ellos, a veces prestándoles más atención, a veces menos. Según quién o según quién no : Sin embargo, aun pensando en ellos, parecía hacerlo de un modo inconsciente, fijándome en no tantos detalles...
Es cierto que desde que tienes algo de uso de razón y aprendes a activar y desarrollar todos tus sentidos hasta el mismísimo ahora, siempre piensas en quien está a tu alrededor. En qué pensarán, en porqué actúan de la manera en que lo hacen, en cómo consiguen lo que tienen...Sí, prácticamente todo. Igual que ellos lo hacen de ti.
Yo pienso en las personas, a veces constantemente, pero como todo el mundo. Sin embargo, una cosa es pensar por pensar, otra es llegar a entender y distinguir distintas clases de gente.

Supongo que nunca se puede llegar a entender del todo a alguien, me parece que eso es tarea demasiado compleja para cualquier ser humano. No existe regla, comparación, ninguna explicación sirve. Tras insistentes búsquedas, acabamos con meras máscaras de esas otras personas en nuestras manos, es entonces cuando creemos que nunca llegaremos a entenderles porque simplemente... No nos dejan.
No es que trate de ponerme en plan filosofía de la vida, tampoco me gusta ser demasiado trascendental, ni dármelas de sabia Madre Naturaleza. No va de eso. Soy la primera que tiene mucho por aprender del resto...
Me paro a escribir de las personas, así de simple. Me gusta hablar de ellas, aunque aún no lo haga con mucha propiedad, pero creo que eso es algo normal. Nadie llega nunca, desde mi punto de vista, a saber hablar con plena propiedad de los demás, nunca se está suficientemente seguro de lo que se dice. Al fin y al cabo,cada persona es un mundo, eso está claro: nunca averigüas con total seguridad qué puede esconderse detrás de una cara bonita.
Bueno. A pesar de todo, yo podría a aventurarme a decir que desde hace algún tiempo, la gente me da más que hablar, y a partir de algunos gestos, puedo sacar conclusiones, pareceres, construir ideas y saber por donde van los tiros. Es sorprendente cómo mediante algunas pocas conversaciones , observando bien y prestando un poco más de interés, puedas darte cuenta de qué pie flojea cada uno y dónde se les esconde el amor propio. Una cosa es clara: casi todos en el fondo somos casi igual de débiles. Nos pintamos facetas , personalidades, antifaces que nos hacen sentir importantes, adornamos nuestras historias con mentiras que en el fondo son pobres ilusiones.
Puedes ir algún día en el tranvía y encontrarte con ese pintas de mirada desafiante hacia el mundo y de extraña pose, con pinchos en la gorra y botas enormes negras de militar, del que te advirtieron tanto porque es mejor ni mirarle directamente por si acaso te suelta alguna bordería delante de toda la gente- o incluso llegue a perseguirte porque él así lo decida y ya está-, y de repente un día caminando hacia casa va y te lo encuentras bajando con mochilita al hombro de un autobús de colegio de pago lleno de peques, que lo deja enfrente de la puerta de su casa. O aquel que va de católico y de bondadoso, y luego es un pobre imbécil frustrado que en el fondo sólo sabe mirar por encima del hombro y juzgar a la gente por el color de la piel.
A mí me entra la risa cuando veo quién se esconde dentro. Fachadas y más fachadas. Y luego todos estamos igual de perdidos en nosotros mismos.

Escribía, para comentar cómo resulta de curioso que en apenas un año puedas desencantarte tanto con la gente. Supongo que siempre fueron igual, con sus más y sus menos, nunca se les suele dar demasiada importancia : Bueno, tan sólo es gente, terrícolas, seres humanos, como yo y tú. Nada importante, siempre parece que los tengas controlados, pensar que todo es de un bonito color rosa que han pintado por ti. Tú simplemente te limitas a caminar entre nubes de algodón; qué bien, todo es encantador, tan cómodo, tan maravilloso, todo sale a pedir de boca por ley divina, y sin esfuerzo. Para qué mover un dedo, ya lo harán por mí. Yo seré feliz para siempre porque así es como debe ser.
Vivir en el país de las maravillas, así se le llama. Florecillas que cantan, rostros amables, campos de fresas para siempre, paisajes con castillo encantado a lo lejos donde está el príncipe azul leyéndole poesía a su blancanieves, a su bella durmiente o su pretty woman, canciones en cualquier parte...Felices todos. ¿Ciencia ficción? ¿Romanticismo exagerado? ¿ O esto es realidad y se nos ofrece en bandeja?
A pesar de todo y adónde quiero realmente dirigir todo
esto que estoy escribiendo (el que la realidad parece ser la la única verdad), - y siempre en mi opinión-, creo no es del todo malo tener algo de imaginación, incluso ser soñador siempre te trae esperanzas... tener fe en algo puede contribuir a que las cosas se te hagan llevaderas. En mi caso, bueno, parece ser que así me lo he estado montando. Pensar y creer que todo es como una bonita película donde todo sucede así porque así es como se hace.
Ayer, sin ir más lejos, acabé de leer un libro que tiene prácticamente el mismo argumento que otros 5 ó 6más que están en mi estantería. Todos ellos, aun con los nombres de los protagonistas cambiados, las ciudades distintas o la historieta cambiada-pero poco-, trataban de lo mismo prácticamente, página arriba página abajo : Protagonista muy independiente, definida, confiada, segura de sí misma, todo parece estar a su alcance. Todo es estupendo, tiene una vida perfecta, todo es accesible sin necesidad de preocuparse. ¿Problemas?¿Quién dijo problemas? ¡Problemas ni uno! La realidad es que la misma realidad se le despega sin darse cuenta. Y así, de repente y sin avisar, en un momento dado, cuando más convencida está de que sólo existe ella sola y nadie puede tocarla, todo se le hunde bajo sus pies. Efecto dominó :Trabajo, pareja, planes... Puede que hasta en el momento más depresivo, le pase por al lado un graciosín con su coche atravesando un charco y le empape completamente de barro , o que la típica paloma haga sus necesidades sobre su cabeza.
Bueno, pues hasta aquí hemos llegado, ¿no? Todo tiene un límite. La protagonista piensa : "Estoy harta de la gente, estoy harta de todos..¿Pero porqué?¿Porqué?¿Porqué ha tenido que pasarme a ? Si siempre he sido la menos problemática...".
Se atranca. Se queda parada un tiempo. Se da cuenta de que así no podrá llegar a ningun lado. Vale, entonces ahora va la fase del cambio: Proponerse nuevas metas, intentar ver el lado bueno, tener algo de confianza en sí misma, darse un respiro, ver más allá de sus narices . Seguirá teniendo sueños, pero esta vez tendrá el dedo pulgar sobre la tierra. Se acabaron las tonterías,-se dice. Es entonces, cuando comienza a responder de verdad a lo que se le viene de frente, cuando las cosas parecen cambiar también. Digamos que todos, personas y mundo, le contestan. Y así, pum! de repente, se le ofrecen nuevas y diferentes oportunidades
de empleo. La gente la encuentra distinta, algo debe de haber despertado dentro de ella : Ella responde que son nuevos impulsos, impulsos que han surgido a partir de un golpe que le han hecho mirar distinto y apreciar cada cosa por su verdadero valor.
Pero la buena racha no acaba aquí: incluso, ese alguien protagonista se cruza con otro alguien en una encantadora cafetería-librería e intercambian miradas a través de las estanterías. Se conocen, tal y tal, quedan y se gustan, pero por algún contratiempo o malentendido optan por pasar el uno del otro. Sin embargo, en el fondo sabemos que al final de la historia, en la última página del libro, por cosas de la vida, se encontrarán en ese lugar especial que a ambos les resulta así de especial porque les recuerda al otro. "Te estaba esperando"//" Y yo a ti". Ya está, se acabó. ¿Qué moraleja se saca entonces de esto? ¿Es esto auténtica realidad?
No sé si es así como ocurre. No sé si son finales iguales. Lo que creo que sí puede ser verdad, es que cuando algo falla en el trayecto, la vida avisa, te da un susto. Para que espabiles, para que seas realista, para que no hagas demasiado caso a las pequeñeces. Las lágrimas que pudiste haber llorado, sabes que en el fondo te sabían a poco. ¿Y porqué? Pues porque no eran sinceras, no eran de verdad. Sin embargo, te puedes sentir algo mejor soltando lagrimitas para reafirmarte en tu posición de "desgraciado en la vida". Entonces, pasará el tiempo : te recuperarás del trompazo poco a poco, vale, sí. El sol brillará de nuevo. Pero tarde o temprano, alguien volverá a hacerte daño y tú volverás a llorar en silencio para no dar mucha guerra, dejando que todo se quede tal como está por si acaso sufres o te sientes incómodo al responder a los golpes. ¿Y si es peor? No, no. Mejor me quedo en este rincón lamentándome de mis desgracias...
Bien, te podrías llevar pocas tortas viviendo así, esquivando a todo aquel que se te acerque y pasando por alto lo que te diga o te haga. Estarías protegido, pero no vivirías del todo.
Los lloriqueos sin transfondo, los que nos dejan en la misma situación sin trata de cambiar nada, son los que menos valen la pena y los que más nos definen como personas. Las lágrimas más sentidas a cada gota, las que luego se es capaz de secar del todo sin vergüenza de que te miren de reojo, esas son las que valen la pena. Si te enseñan algo después, da gracias por haberte dado cuenta a tiempo y no de una manera peor. Las lágrimas siempre se secan...

Así, con el tiempo, aprecias que dejaste entrar en tu cabeza a esa gente , a ese otro, a ese aquél, que de verdad no lo merecía. De por sí, pensabas que tenía pleno derecho a hacerte pensar sobre su forma de ser y su actitud hacia ti...
Es aquí cuando vuelven de nuevo los cargantes " y sis". Los que acaban por avergonzarnos... Al final, casi siempre son las inquietudes las que ganan la batalla. Pero que consigan ganar o no la guerra, no será más que cosa tuya.
De esta manera, todo al final se reduce a mentiras , cuentos incompletos: mentiras que nos cubren el rostro para vivir bien y con tranquilidad, para no sofocarnos demasiado, para que en ese mundo de colorines y caramelos que nos hemos inventado a largo plazo, no aparezca ningún monstruo lo bastante horrible como para confundirnos y temerle.


Es bonito imaginarse historias, eso es verdad. Es mucho más fácil que vivir alguna... Pero eso, a la larga, es como escupir hacia arriba. Nadie se pierde el ahí fuera más que tú.

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