The Moon Gate

Apuntes de algunos días

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Thursday, February 23, 2006

Y una tarde

Eran casi las 4 y media. Mientras esperaba, se acercó a la puerta. Escuchó. Después de un ratito, oyó algo que le hizo otra vez llorar. Habían dicho algo de ella, nada malo, al contrario...Sólo que, por reconocer que era bien cierto, rompió a llorar otra vez... Aunque tampoco sabía muy bien por qué. ¿Acaso tenía que sentir lástima de ella misma? Ya había llorado bastante ahí dentro. Ya estaba bien.
Se sentó encima de una mesa que estaba junto a una ventana , y se asomó. Un cielo gris, como las lágrimas que le resbalaban por la mejilla y le hacían cosquillas. Desde allí podía verse el mar, perdiéndose en el horizonte , en una suave bruma. Parecía tan sereno, tan tranquilo.. Como si nada pudiera molestarlo o inquietarlo. Le daba algo de envidia. Quería ser como él en ese preciso instante. Decidió hacerle una pequeña visita, la verdad es que llevaba algún tiempo pensando hacerlo...

Cuando llegó, el viento soplaba un poco más fuerte, y el frío conseguía meterse por dentro de los agujeros de su jersey de lana.La playa estaba totalmente vacía, descartando de lo típico, a pesar de todo : algún que otro deportista haciendo footing por la orilla resoplando, alguno que otro en compañía de su perro paseándose arrastrando los pies y pensando en Dios sabe qué, ...
Realmente, no sabía qué dirección tomar. ¿Hacia el puerto... o hacia el fondo de la playa? Lo cierto es que daba igual, pero le apetecía pasear por donde la arena está húmeda y siempre hay algún tesoro del que el mar se ha desprendido.
Después de juguetear un poco en la orilla a que el agua no le pillaba las zapatillas, vio una figura envuelta en un abrigo rojo a lo lejos, paseando tranquilamente, y se dirigía hacia ella, caminando despacito.
Cuando llegó a su altura, se le quedó mirando y se paró. El pelo lo tenía enmarañado, y los ojos muy abiertos, brillantes. Ella le miró extrañada, como queriendo preguntarse qué era lo que quería, allí parado mirándola. Y de repente...
-...En días como el de hoy, lo último que debería hacerse es nadar, ¿verdad?-le dijo con voz amistosa.
-Ssí, supongo. Sí...jeje..-ella intentó poner la misma voz amable.
-Yo es que vengo todos los días, haga sol o esté nublado y haga mucho frío, como hoy. -y volvió a quedarse mirándola fijamente, expectante, como esperando otra respuesta.
-Ah,..
-Mira, todos los días, yo vengo desde allá al final, desde el puerto, hasta el fondo de la playa. Dos veces.
-Pues... yo supongo que daré un paseo hasta el puerto y...
-¿Nunca habías venido por aquí?¿Eres de fuera?
-No, no, qué va...Soy de aquí. Pero no suelo venir mucho a pasear en invierno a la playa...
-Ah, bueno, bueno. - dijo asintiendo con la cabeza- Es que mira, si vas paseando como yo, enseguida se te va el frío. No notas apenas el fresco. Enseguida entras el calor, no notas el frío, no lo notas.
-Ya, supongo, supongo.- dijo ella, dejando entrever una tímida sonrisa.
-Sin embargo,-siguió él- si te quedas ahí parada, te quedarás frita. Helada. Así que será mejor que te des un paseo. Ya verás como enseguida se te va el frío. Si andas, enseguida se te irá.
- Ya, es verdad, sí... Pensaba llegar hasta allá al final...
-Bueno, pues que vaya bien.- dijo él, sonriéndole, y le hizo un gesto con la mano. Después se alejó, despacito.
-Bueno, lo mismo digo...

Volvió a mirar el mar. La marea abrazaba la orilla, queriendo atraparle las zapatillas otra vez. Se quedó pensando en cada una de las palabras que aquel hombre le acababa de decir.
Sin saber por qué, se le asomó una de esas muecas de asombro que salen en la cara cuando te das cuenta de haber comprendido algo que te han dicho, no en el momento en que te lo dicen, sino después. Algo así como un efecto retardado.
Se volvió a girar, él ya andaba lejos. Sin conocerla de nada, acababa de darle aquel consejo, ése que no paraba de repetirse a sí misma desde hacía tiempo.
Le había recordado de nuevo lo que debía de hacer, tal y como en ese momento se encontraba. Sin querer, sin pretenderlo. Él, que sólo quería un poco de conversación en uno de sus paseos solitarios por la orilla. Y ella, que andaba muchos días perdida.


No podría contentarse observando la deriva ir y venir siempre. Así no llegaba a ningún lado. Y ella quería llegar a alguno. Al puerto, al fondo de la playa. Al que fuera. Está bien, lo eligiría, no pasaba nada. Había tiempo, siempre lo hay. Pero quería llegar hasta allí, y ser constante. En lugar de un paso en falso y después quedarse quieta por no querer repetir otro más por miedo, lo mejor sería dar un salto de por lo menos tres.

Puede que no se entienda el símil, que no se logre entender con qué hecho comparo esta tarde de febrero ...
Puede que siempre haga lo mismo, pero acabar lo que escribo con una de esas frases que de repente leo y descubro en alguna parte y que casi siempre pueden explicar lo que quiero decir en muy poco, nunca deja de gustarme.

Life offers you thousand of choices. All you have to do is choose one.
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