Gracias por los días
¿Recordarás a quién buscabas entre la gente?
¿Seguirás notando esa alegría incontenible, sin saber demasiado bien de dónde sale?
Te alegrará saber que esa torpeza del principio podrá tener también efectos secundarios magníficos,
te sentarás a escribir cuando le recuerdes, una tarde de esas en las que ya has cumplido con lo que debías y te sientes plena y con ganas de contar cosas,
el cielo parece a punto de explotar, se esconde negro y electrizante después del pino enfrente de tu ventana, y eso te gusta aún más. El tiempo, las ganas, las canciones que ahora escribes, las historias inventadas, los deseos.
Empieza el invierno, pero me niego a que acabe el verano. Aún sabe tan bien, viajes en tren que llegan a Escocia, la mochila a cuestas llena de calcetines mojados, un Here comes the sun cuando llegas arriba del Sacre Coeur y la gente escucha mientras ve el sol salir a lo lejos, y cantas, y grabas , y haces fotos, con todos, las playas y la lluvia, los amigos, los buenos ratos. Los días contados.
Recordar lo bueno pero de lo malo, nada. Pensar en todos esos días, los días que endulzarán el resto de tus días. Historias que aún continuarán una tarde en la Costa Azul, un rencuentro. Me tumbo en la orilla, el agua sube por encima. El sol quema los restos de sal cristalizando en mi piel. El último chapuzón refrescante antes de volver en la barca al puerto, buceando y sintiéndote más libre que nunca.
Quiero que algún día me cantes "Baby can I hold you", como lo hizo aquel chico rubio de París en las escaleras, convirtiendo todo lo que le rodeaba en mágico, en un día único. Era el momento perfecto en el lugar perfecto. Y decía, Words dont come easily, like I love you, I love you.
Meternos en la mente de James Barrie, a las noches dentro de un árbol contándole cuentos a los niños perdidos, a sobrevolar la costa , un aeropuerto, el valor para ser uno mismo y saber qué hacer de lo que haces. Y pasear por los canales de Ámsterdam en bicicleta, haciendo fotos a contraluz. Ponerme guapa para ti, helados de yogur andando entre turistas, esta noche habrá cena familiar. Y mañana volveremos a casa a media tarde. Y dormirás contra el cristal del asiento de atrás, y el sol tibio te hará bizquear cuando despiertes. Suena Brad Mehldau, y está tocando Someone to watch over me.
Ya es hora de volver a empezar.
Y de decirte, desafiando cualquier obstáculo que pueda impedirlo, Thank you for the days
¿Seguirás notando esa alegría incontenible, sin saber demasiado bien de dónde sale?
Te alegrará saber que esa torpeza del principio podrá tener también efectos secundarios magníficos,
te sentarás a escribir cuando le recuerdes, una tarde de esas en las que ya has cumplido con lo que debías y te sientes plena y con ganas de contar cosas,
el cielo parece a punto de explotar, se esconde negro y electrizante después del pino enfrente de tu ventana, y eso te gusta aún más. El tiempo, las ganas, las canciones que ahora escribes, las historias inventadas, los deseos.
Empieza el invierno, pero me niego a que acabe el verano. Aún sabe tan bien, viajes en tren que llegan a Escocia, la mochila a cuestas llena de calcetines mojados, un Here comes the sun cuando llegas arriba del Sacre Coeur y la gente escucha mientras ve el sol salir a lo lejos, y cantas, y grabas , y haces fotos, con todos, las playas y la lluvia, los amigos, los buenos ratos. Los días contados.
Recordar lo bueno pero de lo malo, nada. Pensar en todos esos días, los días que endulzarán el resto de tus días. Historias que aún continuarán una tarde en la Costa Azul, un rencuentro. Me tumbo en la orilla, el agua sube por encima. El sol quema los restos de sal cristalizando en mi piel. El último chapuzón refrescante antes de volver en la barca al puerto, buceando y sintiéndote más libre que nunca.
Quiero que algún día me cantes "Baby can I hold you", como lo hizo aquel chico rubio de París en las escaleras, convirtiendo todo lo que le rodeaba en mágico, en un día único. Era el momento perfecto en el lugar perfecto. Y decía, Words dont come easily, like I love you, I love you.
Meternos en la mente de James Barrie, a las noches dentro de un árbol contándole cuentos a los niños perdidos, a sobrevolar la costa , un aeropuerto, el valor para ser uno mismo y saber qué hacer de lo que haces. Y pasear por los canales de Ámsterdam en bicicleta, haciendo fotos a contraluz. Ponerme guapa para ti, helados de yogur andando entre turistas, esta noche habrá cena familiar. Y mañana volveremos a casa a media tarde. Y dormirás contra el cristal del asiento de atrás, y el sol tibio te hará bizquear cuando despiertes. Suena Brad Mehldau, y está tocando Someone to watch over me.
Ya es hora de volver a empezar.
Y de decirte, desafiando cualquier obstáculo que pueda impedirlo, Thank you for the days

