our last days on earth
Solía inventar cuentos de hadas, pintar de colores su ventana. Cada mañana, imaginar horizontes lejanos, amaneceres hermosos, montañas azules.
Siempre quiso ser una estrella, una de esas estrellas que brillan casi más que el resto y que se pueden ver sin esfuerzo en una cálida noche de verano...
Y la música. Lo que más adoraba en el mundo, la música. Cerraba los ojos y soñaba con ser música, deshacerse en sonidos, volar sobre jardines perdidos y dejar un rastro de dulces notas y armonías en cada balcón, o en cada ventana abierta.
Él pensaba en todas ellas, en todas. Las imaginaba como una única, las unía con prisa...Recortaba lo que más le atraía de cada una, nunca acabó por gustarle entera ninguna. Escogía los labios más bonitos, los ojos más verdes y brillantes, las pestañas , sus libros favoritos, aquella canción que le hacía llorar, su voz, aquella película antigua, la cintura, las manos...su visión de la vida, también. Eso era importante. Aquella chica aún en sombras y sin definir debería ver el mundo tal y como él lo hacía : Un lugar donde los secretos, las palabras y los sueños convertían la existencia en algo mágico; la vida en una historia encantada, el aire más turbio y gris en remolinos de los susurros más dulces... Sí, sería maravilloso que ella supiera conocer todo aquello, que hablara con tanta pasión de las cosas tal y como lo hacía él.
Aquella figura perfecta... Solía saborear su imagen en su cabeza miles,miles de veces, casi cada momento.
Escondía su cara con las manos, se apretaba las sienes. "¿Dónde estás, dónde puedo encontrarte?"
Se desesperaba, llegaba a pensar que daría lo que fuese por encontrarla sentada en algún rincón, tal vez fijando la vista con atención en aquel horizonte que había imaginado desde su ventana...
Anhelaba pasar días a su lado, pasear cerca de casa, o caminar lejos. Vivir sin miedos, sabiendo que había alguien detrás de él, que le cogería de la mano. Que compartirían tanto, que dibujarían tantas cosas juntos, que mirarían en una misma dirección...
Quería crecer, pero a su lado.
Pero nunca aquel contorno perfecto llegó a amoldarse, faltaron siempre piezas, o al menos así lo creía él: Nada conseguía ajustarse a aquella imagen tan hermosa que creaba en su mente, tanto soñando, como despierto.
Sin embargo, por si acaso, siguió escribiendo cartas a aquella figura borrosa a la que tanto quería sin todavía conocerla. Y también, por si acaso, siguió lanzando besos al aire.
Cartas que nunca llegaron, besos que nunca llegaron.
El tiempo pasaba, no recibió respuestas. Supongo que en el fondo siempre lo supo. Él mismo era demasiado difícil para cualquier cosa. Perdió meses, años, y lo que es peor, perdió días :horas muertas recreando figuras sin movimiento meciéndose con el viento.
"Estoy aquí, estoy aquí", gritó como si alguien fuera a oírle.
La música, los sueños, las palabras, las promesas, las noches de verano: Todo había sido siempre real. Pero en el fondo nunca quiso-del todo-darles oportunidad.
¿O no supo?
Siempre quiso ser una estrella, una de esas estrellas que brillan casi más que el resto y que se pueden ver sin esfuerzo en una cálida noche de verano...
Y la música. Lo que más adoraba en el mundo, la música. Cerraba los ojos y soñaba con ser música, deshacerse en sonidos, volar sobre jardines perdidos y dejar un rastro de dulces notas y armonías en cada balcón, o en cada ventana abierta.
Él pensaba en todas ellas, en todas. Las imaginaba como una única, las unía con prisa...Recortaba lo que más le atraía de cada una, nunca acabó por gustarle entera ninguna. Escogía los labios más bonitos, los ojos más verdes y brillantes, las pestañas , sus libros favoritos, aquella canción que le hacía llorar, su voz, aquella película antigua, la cintura, las manos...su visión de la vida, también. Eso era importante. Aquella chica aún en sombras y sin definir debería ver el mundo tal y como él lo hacía : Un lugar donde los secretos, las palabras y los sueños convertían la existencia en algo mágico; la vida en una historia encantada, el aire más turbio y gris en remolinos de los susurros más dulces... Sí, sería maravilloso que ella supiera conocer todo aquello, que hablara con tanta pasión de las cosas tal y como lo hacía él.
Aquella figura perfecta... Solía saborear su imagen en su cabeza miles,miles de veces, casi cada momento.
Escondía su cara con las manos, se apretaba las sienes. "¿Dónde estás, dónde puedo encontrarte?"
Se desesperaba, llegaba a pensar que daría lo que fuese por encontrarla sentada en algún rincón, tal vez fijando la vista con atención en aquel horizonte que había imaginado desde su ventana...
Anhelaba pasar días a su lado, pasear cerca de casa, o caminar lejos. Vivir sin miedos, sabiendo que había alguien detrás de él, que le cogería de la mano. Que compartirían tanto, que dibujarían tantas cosas juntos, que mirarían en una misma dirección...
Quería crecer, pero a su lado.
Pero nunca aquel contorno perfecto llegó a amoldarse, faltaron siempre piezas, o al menos así lo creía él: Nada conseguía ajustarse a aquella imagen tan hermosa que creaba en su mente, tanto soñando, como despierto.
Sin embargo, por si acaso, siguió escribiendo cartas a aquella figura borrosa a la que tanto quería sin todavía conocerla. Y también, por si acaso, siguió lanzando besos al aire.
Cartas que nunca llegaron, besos que nunca llegaron.
El tiempo pasaba, no recibió respuestas. Supongo que en el fondo siempre lo supo. Él mismo era demasiado difícil para cualquier cosa. Perdió meses, años, y lo que es peor, perdió días :horas muertas recreando figuras sin movimiento meciéndose con el viento.
"Estoy aquí, estoy aquí", gritó como si alguien fuera a oírle.
La música, los sueños, las palabras, las promesas, las noches de verano: Todo había sido siempre real. Pero en el fondo nunca quiso-del todo-darles oportunidad.
¿O no supo?

