Greener Grass
Son momentos fugaces, pasan rápidamente ante los ojos. Poco a poco van deshaciéndose como polvo de estrellas, disipándose en el aire, pero aún así, los ves. Pasan de largo y se alejan, pero aún así los viste. Y aunque no se note, ese brillo celeste se quedará en las pupilas, serpenteando. Y para siempre.
No siempre entiendes lo que esos momentos puedan susurrarte, quieran decirte. Son palabras que con el tiempo se podrán asimilar y se harán tuyas, y para bien.
¿Qué habrá podido pasar hasta ahora? No pensabas que escuchar a la gente podría ser siempre lo que mejor te convendría, pensabas ...en no sé qué. ¿En qué, en qué estabas pensando? Supongo que en días de sol, en brisa que te acariciara el cuello, en el tacto del agua de lluvia cayendo desde muy arriba, desde las nubes. Y tú, enmedio, dando vueltas, y siempre sonriendo. Es bonita esa imagen de ti, ¿quién no querría ser tú ahí?
Entonces, caes de nuevo sobre el suelo, y abres los ojos. Has dejado de imaginar esa bonita imagen en un día de verano, o tal vez de primavera, o hasta incluso a principios de otoño, cuando todavía hace un poquito de calor y a las hojas de los árboles aún no se las ha llevado el frío. Frío. Ahora detestas esa palabra, seguro. El frío te recuerda a cosas que no te gustan, y se te dibuja una mueca de repente en la cara. Pero espera : antes el frío, te era indiferente. El frío no suponía nada demasiado desagradable, te recordaba a una estación más del año, una época que venía y a la que sonreías tal vez, como a todas las demás. Algo había pasado para que de repente no te hiciera tanta gracia.
Y vuelves a pestañear, has vuelto a situarte aquí, y ahora. Quieres borrar palabras de tu cabeza, palabras que están vacías, que ya no pueden significar tanto para ti : ésas palabras quieres que se las lleve el viento.
A cambio, quieres otras nuevas. Unas palabras que te envuelvan, que den vueltas encima de ti, y lo más importante : quieres palabras que puedas aprender.
Parece ser que algunas de esas palabras no las has inventado tú, ni mucho menos. Esas palabras te las ha dicho otra persona. Y también otra, y algunas que están más allá, aunque no estén ahora mismo enfrente tuya. Pero te las dijeron, y las recuerdas. ¿Acaso quisieron decirte algo importante, algo que podría facilitarte un poco las cosas? No sería en vano. Pero no hiciste caso, en ese momento estarías en otra parte, sentada, mirando desde la ventana el tiempo que hacía; esperando captar rayos de luz que te dieran de lleno. Las tuyas, siempre fueron impresiones equivocadas. No hacías más que sentarte a pensar.
Sin embargo, nunca pensaste, que también podías pensar de pie, mientras te movías, mientras dabas pasos hacia adelante...Y no mientras escondías tus pies detrás de la silla, sin querer apoyarlos en el suelo e invitarlos a caminar.
Pero además...Tú siempre creías que bueno, algún día los pondrías en marcha, pero ...algo de pereza daba eso. ¿Y si te cansabas?No, eso no. ¿Cansarte, tú?De ninguna manera.
Sin embargo, aún sentada, te cansaste. Los pies se te durmieron y te hormigueaban.Los pellizcabas y no sentían.
Entonces, te llamaron por la espalda.
-Eh, tú.
-...
-Ponte tus zapatos favoritos, los que más te gusten.
-¿Para qué?
-Nos vamos ya.
Sin saber porqué, pensaste que tal vez te llevarían a un sitio bonito. Así que, de momento, te pusiste los zapatos. Esos que estaban en una caja olvidada en el armario.
No siempre entiendes lo que esos momentos puedan susurrarte, quieran decirte. Son palabras que con el tiempo se podrán asimilar y se harán tuyas, y para bien.
¿Qué habrá podido pasar hasta ahora? No pensabas que escuchar a la gente podría ser siempre lo que mejor te convendría, pensabas ...en no sé qué. ¿En qué, en qué estabas pensando? Supongo que en días de sol, en brisa que te acariciara el cuello, en el tacto del agua de lluvia cayendo desde muy arriba, desde las nubes. Y tú, enmedio, dando vueltas, y siempre sonriendo. Es bonita esa imagen de ti, ¿quién no querría ser tú ahí?
Entonces, caes de nuevo sobre el suelo, y abres los ojos. Has dejado de imaginar esa bonita imagen en un día de verano, o tal vez de primavera, o hasta incluso a principios de otoño, cuando todavía hace un poquito de calor y a las hojas de los árboles aún no se las ha llevado el frío. Frío. Ahora detestas esa palabra, seguro. El frío te recuerda a cosas que no te gustan, y se te dibuja una mueca de repente en la cara. Pero espera : antes el frío, te era indiferente. El frío no suponía nada demasiado desagradable, te recordaba a una estación más del año, una época que venía y a la que sonreías tal vez, como a todas las demás. Algo había pasado para que de repente no te hiciera tanta gracia.
Y vuelves a pestañear, has vuelto a situarte aquí, y ahora. Quieres borrar palabras de tu cabeza, palabras que están vacías, que ya no pueden significar tanto para ti : ésas palabras quieres que se las lleve el viento.
A cambio, quieres otras nuevas. Unas palabras que te envuelvan, que den vueltas encima de ti, y lo más importante : quieres palabras que puedas aprender.
Parece ser que algunas de esas palabras no las has inventado tú, ni mucho menos. Esas palabras te las ha dicho otra persona. Y también otra, y algunas que están más allá, aunque no estén ahora mismo enfrente tuya. Pero te las dijeron, y las recuerdas. ¿Acaso quisieron decirte algo importante, algo que podría facilitarte un poco las cosas? No sería en vano. Pero no hiciste caso, en ese momento estarías en otra parte, sentada, mirando desde la ventana el tiempo que hacía; esperando captar rayos de luz que te dieran de lleno. Las tuyas, siempre fueron impresiones equivocadas. No hacías más que sentarte a pensar.
Sin embargo, nunca pensaste, que también podías pensar de pie, mientras te movías, mientras dabas pasos hacia adelante...Y no mientras escondías tus pies detrás de la silla, sin querer apoyarlos en el suelo e invitarlos a caminar.
Pero además...Tú siempre creías que bueno, algún día los pondrías en marcha, pero ...algo de pereza daba eso. ¿Y si te cansabas?No, eso no. ¿Cansarte, tú?De ninguna manera.
Sin embargo, aún sentada, te cansaste. Los pies se te durmieron y te hormigueaban.Los pellizcabas y no sentían.
Entonces, te llamaron por la espalda.
-Eh, tú.
-...
-Ponte tus zapatos favoritos, los que más te gusten.
-¿Para qué?
-Nos vamos ya.
Sin saber porqué, pensaste que tal vez te llevarían a un sitio bonito. Así que, de momento, te pusiste los zapatos. Esos que estaban en una caja olvidada en el armario.

